¿Qué tan precisos son los smartwatch y pulseras de actividad para medir el ejercicio?
- Arianna Delgado
- hace 5 días
- 3 min de lectura
Los relojes inteligentes y las pulseras de actividad se han convertido en herramientas cada vez más populares para monitorear la actividad física, el gasto energético, la frecuencia cardíaca y otros indicadores relacionados con la salud. Sin embargo, una pregunta sigue siendo relevante tanto para profesionales de la salud como para usuarios: ¿qué tan precisas son realmente estas mediciones?
La evidencia científica actual muestra que la respuesta depende del parámetro que se esté evaluando.

Los dispositivos son relativamente precisos para contar pasos
Una revisión sistemática publicada en el Journal of Medical Internet Research en 2022 analizó 65 estudios que evaluaron 72 dispositivos de 29 marcas diferentes. Los autores encontraron que los relojes y pulseras de actividad presentan una precisión aceptable para el conteo de pasos, siendo los dispositivos Fitbit Charge y Fitbit Charge HR los que mostraron resultados más consistentes.
Este hallazgo coincide con investigaciones más recientes que han evaluado la validez de los wearables en condiciones de vida real.
En general, los errores observados para el conteo de pasos suelen encontrarse dentro de rangos aceptables para el seguimiento cotidiano de la actividad física.
Desde una perspectiva práctica, esto significa que los wearables pueden ser herramientas útiles para monitorizar el NEAT (actividad física no asociada al ejercicio), establecer metas diarias de movimiento y mejorar la adherencia a programas de actividad física.
La frecuencia cardíaca muestra una buena precisión
La frecuencia cardíaca es probablemente una de las variables fisiológicas mejor medidas por los dispositivos actuales. En la revisión sistemática de Germini y colaboradores, el Apple Watch presentó errores inferiores al 10% en comparación con métodos de referencia.
Estos resultados también han sido respaldados por revisiones posteriores, que muestran que los sensores ópticos de frecuencia cardíaca ofrecen una precisión adecuada durante actividades de intensidad baja a moderada. Sin embargo, la precisión puede disminuir durante ejercicios de alta intensidad, movimientos bruscos o entrenamientos que involucren una gran activación de la musculatura del antebrazo.
Por esta razón, aunque los relojes inteligentes son útiles para monitorizar tendencias de frecuencia cardíaca y zonas de entrenamiento, las bandas pectorales continúan siendo el estándar de referencia cuando se requiere máxima precisión.

El gran problema: el gasto energético
El aspecto más cuestionado de los wearables sigue siendo la estimación de calorías gastadas.
La revisión sistemática de Germini encontró que ningún dispositivo evaluado logró medir el gasto energético con una precisión satisfactoria. Los errores observados superaron el 30% en prácticamente todos los modelos analizados.
Estos resultados coinciden con una revisión sistemática y metaanálisis publicada por Fuller y colaboradores, así como con múltiples estudios de validación posteriores, que concluyen que la estimación del gasto energético es una de las funciones menos precisas de los dispositivos portátiles.
La razón principal es que el gasto energético es una variable compleja que no puede determinarse únicamente a partir del movimiento o la frecuencia cardíaca. Factores como la composición corporal, eficiencia mecánica, nivel de entrenamiento, sexo, edad, temperatura ambiental y características individuales influyen significativamente en el costo energético del ejercicio.
Como consecuencia, dos personas realizando exactamente la misma actividad pueden presentar gastos energéticos muy diferentes.
¿Por qué esto es importante para la nutrición?
En consulta es frecuente encontrar personas que ajustan su alimentación según las calorías reportadas por su reloj inteligente.
Frases como:
"Quemé 800 calorías entrenando."
"Mi reloj dice que gasté 3.000 calorías hoy."
"Puedo comer más porque el reloj dice que hice suficiente ejercicio."
son muy comunes.
Sin embargo, la evidencia científica sugiere que estas estimaciones deben interpretarse con mucha cautela. Un error del 30-50% puede representar cientos de calorías de diferencia a lo largo del día, afectando significativamente objetivos de pérdida de grasa, mantenimiento o ganancia muscular.
Por esta razón, utilizar las calorías reportadas por el wearable para ajustar directamente la ingesta energética no es una estrategia recomendable.

Entonces, ¿para qué sirven realmente los wearables?
La evidencia actual permite concluir que los dispositivos portátiles son herramientas muy útiles para:
Monitorizar pasos diarios.
Evaluar patrones de actividad física.
Registrar tendencias de frecuencia cardíaca.
Mejorar la adherencia al ejercicio.
Aumentar la conciencia sobre el nivel de movimiento diario.
Sin embargo, presentan limitaciones importantes para:
Estimar gasto energético.
Cuantificar calorías quemadas.
Determinar requerimientos energéticos individuales.
Ajustar planes nutricionales.
Conclusión
Los relojes inteligentes y pulseras de actividad han demostrado ser herramientas valiosas para promover estilos de vida más activos y monitorizar ciertas variables relacionadas con la actividad física. Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que su utilidad es mucho mayor para cuantificar movimiento que para cuantificar energía.
En términos prácticos, podemos confiar razonablemente en los pasos y en la frecuencia cardíaca que registran estos dispositivos, pero debemos ser cautelosos al interpretar las calorías que afirman haber gastado. Para nutricionistas, entrenadores y profesionales de la salud, esto implica que los wearables deben considerarse herramientas complementarias de seguimiento, y no métodos precisos para estimar el gasto energético o prescribir intervenciones nutricionales.



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